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16 mar 2014

¿Realmente es tan terrible sonrojarse?


Todos hemos dicho algo estúpido o vergonzoso, y muchos sabemos que es peor cuando empezamos a sentir ese calor repentino en la cara y nos damos cuenta de que nuestras mejillas están visiblemente rojas.
Le tememos tanto a sonrojarnos que una vez empieza, entramos en un círculo vicioso: nos da más vergüenza y nos ponemos más rojos.
El sólo hecho de que nos digan que nos estamos sonrojando así no sea cierto es suficiente para inducirlo, según investigadores.
El mismo estudio encontró que asumimos que la gente nos juzgará negativamente si nos ruborizamos, pero es posible que estemos equivocados.

Mejillas del color de una rosa


Chica aplicándose rubor
Las mejillas rosadas son tan atractivas que las mujeres se aseguran de tenerlas.
No hay duda de que es desagradable, y para unos pocos desafortunados puede estar asociado con problemas de ansiedad social.
Sin embargo, hay estudios que indican que la mayoría de nosotros sobreestima el impacto que tiene.
Cuando nos sonrojamos, los vasos capilares sanguíneos cercanos a la superficie de la piel en el rostro se expanden, dejando que la sangre entre y que todo el mundo la vea, ya sea en tonos rosados en las pieles blancas o en un menos conspicuo pero a menudo perceptible rubor en pieles más oscuras.
Eso en sí mismo no es necesariamente un problema: muchas mujeres compran maquillaje para imitar el efecto y las mejillas rosadas han sido consideradas atractivas por mucho tiempo.
Cuando el psicólogo Ian Stephen le mostró a un grupo de gente fotografías de caras negras y blancas en una computadora, junto con las herramientas para cambiarles el tono de la piel hasta que les pareciera perfecta, la mayoría añadió más rojo.
Fuente: BBC